Por qué las dietas no funcionan - Nutricionista y Dietista Elena Rengel

Por qué las dietas no funcionan

¿cómo suele ser una dieta para perder peso?

Cuando queremos perder peso solemos dar por hecho que el único modo va a ser seguir la típica dieta para adelgazar y que nos va a tocar pasar por ese periodo de tortura en el que hay que pasar hambre, comer de la manera más sosa posible y renunciar a todo lo que nos gusta.

nutricionista-elena-rengel-entrada-6-alimentacion-y-covid-19Todos podemos encontrar fácilmente cientos de dietas de adelgazamiento: dietas detox, Dukan, disociativa, del grupo sanguíneo, Atkins, de la alcahofa, de la zona, alcalina… Cada una inventa un nuevo método milagroso para perder peso de manera rápida y efectiva, pero lo que todas tienen en común es que son dietas muy bajas en calorías, muy restrictivas y prohibitivas, nada personalizadas y algunas suelen basarse o complementarse con productos sustitutivos y suplementos alimenticios. Pero lo más importante que tienen en común es que no tienen ningún respaldo científico realmente válido.

Índice

¿qué efectos tienen las dietas en nuestro cuerpo?

Este tipo de dietas nunca serán recomendables para nadie, ya que aunque puede que realmente consigan que pierdas peso y logres tus objetivos, este tipo de dietas van a tener una serie de efectos negativos en tu cuerpo y en tu relación con la comida:

Las dietas van a hacer que generes hambre y antojos:

Se da por hecho que para adelgazar hay que pasar hambre, pero esto no es ni necesario ni recomendable. Queramos o no, vivimos rodeados de alimentos y la mayoría son muy tentadores, por lo que la restricción dietética no va a ser el mejor camino a seguir.

El pasar hambre constantemente va a hacer que deseemos alimentos muy hipercalóricos y palatables, los cuales no suelen ser nada saludables y como nos han prohibido comerlos, se van a convertir en antojos. Es decir, les vamos a dar a esos alimentos mucha más importancia y valor del que  realmente tienen y asociaremos nuestra felicidad al poder comerlos. Lo cual va a repercutir sin duda en nuestras futuras elecciones.

Lo recomendable es tener una relación saludable con la comida, es decir, darle la importancia y el valor justo que se merece. Ni convertirla en la fuente de nuestra felicidad ni mucho menos en algo prohibido y restrictivo. Hay que aprender a disfrutar de los alimentos saludables y a saber utilizarlos para estar bien nutridos. También hay que ser más conscientes de cómo son y cómo nos pueden perjudicar los alimentos menos saludabes. En definitiva, hay que tener la información adecuada para poder elegir qué comer con total autonomía y responsabilidad sin estar sufriendo por la comida constantemente. Dietista-Nutricionista-Elena-Rengel-Home-6

Las dietas van a hacer que nuestro cuerpo cambie, pero a peor

Que estés perdiendo peso no significa que lo estés perdiendo de donde debería ser, es decir, no significa que estés perdiendo grasa corporal. Con estas dietas muy bajas en calorías que te prometen adelgazar rápido suele darse esa pérdida de kilos a base de perder masa muscular y agua. Algo que repercutirá de manera negativa en tu salud y que incluso causará que a la larga ganes peso más fácilmente.

Esto es debido a que tu cuerpo va a sufrir una serie de adaptaciones para poder “sobrevivir” al régimen estricto que le has impuesto. Nuestro organismo no entiende de operación bikini, si nota que no le estas dando comida suficiente pondrá en marcha toda una maquinaria para poder reducir el gasto de energía al mínimo y así asegurar nuestra supervivencia. Por ello, con este tipo de dietas:

a) Perderemos mucha masa muscular: Nuestros músculos requieren mucho mantenimiento y energía, por lo que si no los usas y encima no aportas energía con tu alimentación, tu cuerpo va a tener que prescindir de ellos, junto con el agua que llevan asociada. Esta pérdida de músculo es lo primero que ocurre al seguir estas dietas, por eso al principio siempre se pierden más kilos más rápido. 

b) Nos será más difícil «quemar grasas»: De manera natural, nuestro cuerpo almacena energía en forma de grasa, pero cuando estos depósitos se hacen demasiado grandes es cuando vienen los problemas, por lo que el objetivo de la dieta debería ser perder este exceso de grasa y no perder peso en general. 

Sin embargo, hay que pararse a pensar que si el ser humano tuviese una reserva de energía que se pudiese perder rápidamente no hubiese sobrevivido hasta nuestros días. Nuestro organismo es fruto de millones de años de evolución en los que primaba la falta de alimento en lugar del exceso de hoy en día, por lo que estamos fisiológicamente preparados para mantener todo lo que podamos nuestras reservas. Así que perder grasa no va a ser algo fácil y rápido como siempre prometen.

Estos dos cambios en nuestro organismo se deben a una larga lista de adaptaciones metabólicas, como la disminución de la producción de hormonas que provocan saciedad y aumento de las que provocan hambre, el aumento de la sensibilidad a la insulina en células adiposas para facilitar la acumulación de reservas de grasa, la disminución del gasto energético basal y la termogénesis, la disminución de la expresión de genes que activan la pérdida de grasa y aumento de la expresión de los que activan la síntesis de grasa, disminución de la testorsterona y de la actividad de la glándula tiroides, aumento del cortisol, etc.

Además, nuestro cuerpo es previsor y se va a preparar para poder reaccionar de manera aún más efectiva ante otra posible época de “vacas flacas”, convirtiéndonos en personas con excepcional capacidad para almacenar grasas y consumir poca energía. Esto es la base del llamado efecto rebote o efecto yo-yo que suele ir asociado a este tipo de dietas.

Por lo que lo recomendable para perder peso sin sufrir estas adaptaciones metabólicas es seguir un plan que combine una dieta con un ligero déficit de calorías y el ejercicio físico. Ambas cosas adaptadas a cada persona y siempre con el fin de que una vez conseguidos los objetivos se sepa mantener una buena alimentación y actividad física de por vida.

Las dietas van a enseñarte malos hábitos alimentarios

El seguir una dieta para perder peso que a la vez nos enseñe buenos hábitos es fundamental, ya que si no aprendemos a comer sano, cuando dejemos la dieta volveremos a comer igual o peor que antes.

Retomar nuestra alimentación habitual tras hacer este tipo de dietas no suele ser buena idea ya que seguramente haya sido ese tipo de alimentación lo que nos ha llevado a tener sobrepeso. Es más, debido a esas adaptaciones que explico en el punto anterior, si volviésemos a comer lo mismo que comíamos antes de la dieta lo más probable es engordásemos mucho más rápidamente.

Más común aún es el caso de que tras una dieta milagro acabemos comiendo peor que antes, ya que se unen los malos hábitos que ya teníamos en el pasado con las nuevas ideas erróneas sobre alimentación que nos ha enseñado esa dieta. Paradójicamente, la gente a la que más le cuesta cambiar su alimentación suele ser la que más preocupada ha estado por ella y más dietas ha seguido.

¿cuál es la dieta ideal para perder peso?

La que nos sea más fácil de seguir y mantener en el tiempo, que nos enseñe buenos hábitos y que se adapte de una manera realista a nuestro estilo de vida y objetivos. Por ello siempre ha de ser personalizada y prescrita por un dietista-nutricionista y nunca una dieta estándar que se pueda aplicar para todo el mundo. 

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